jueves 12 de noviembre de 2009

HA CAÍDO MI VOZ (JACOBO FIJMAN)


Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:Pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.
Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades
blancas.
Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.

viernes 6 de noviembre de 2009

Rescatando a Agustina ( Sugar Tampaxxx )


El mundo terminó
ahora soy feliz
creo que estás en mi
me pierdo


Nadie para de hablar
estoy cansada
finjo que estás acá
y que el sol brilla


y soy la enfermedad
me cuesta caminar
me cuesta caminar conmigo

Un barco se llevó
mis años de dolor
haceme limpia
llevame a casa


Rescátame de mi
ayúdame a salir
nunca te entendí
rescátame de mi
rescátame de mi
rescátame de mi


(del album "Adentro", 2000)

viernes 30 de octubre de 2009

Sonetos desde el infierno (Reynaldo Arenas)


Todo lo que pudo ser, aunque haya sido,
jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
de darle a la realidad otro sentido.
Otro sentido, nunca presentido,
cubre hasta el deseo realizado;
de modo que el placer aun disfrutado
jamás podrá igualar al inventado.
Cuando tu sueño se haya realizado
(difícil, muy difícil cometido)
no habrá la sensación de haber triunfado,
más bien queda en el cerebro fatigado
la oscura intuición de haber vivido
bajo perenne estafa sometido.



(La Habana, 1972)

martes 27 de octubre de 2009

DURO COMO EL AIRE



UNO

Yo no estaba drogada y la ciruja tampoco. Las dos nos sentíamos mal por diferentes razones pero encontrarla no me ayudó y gracias a ella terminé de perderme. No creo que toparse conmigo le haya servido tampoco. Me interceptó de noche, en Corrientes y Callao, esperando a Hernán, para coger y fumar aliento, y charlar de asuntos espirituales. Salir un poco de la depresión crónica de ambos.
Dos meses atrás me animé a mostrarle a Hernan las cosas que escribía y él me había dicho que le hacían acordar a Sara Kane. Me prestó Cleansed y me hizo prometerle que nunca iba a ver las obras que se montaban acá porque eran una mierda. “Trastocan toda la violencia de la mina, la re cagan” insistía, asqueado. Después de leer Cleansed no noté ninguna conexión entre Sara Kane y los cuentos de mierda que se me ocurrían, salvo que yo tenía un poco más de sentido del humor. “Es una amarga esta mina” le dije a Hernan. El no se rió y pensé que iba a dejar de hablarme pero después de un mes -y de haberse acostado con una amiga en común que se parecía físicamente a Sara Kane- me llamó para pasar un rato juntos.
-¡Vos, chupapija!- me gritó la loca- ¡Vos chupás la pija porque no sabés coger!
Lo repitió varias veces, cambiando “chupapija” por “chupaverga”, según le pareciera. La gente nos miraba. Empecé a alejarme por Callao, para el lado del Congreso. La ciruja me agarró del brazo y tuve que seguir caminando así.
-Yo te conozco, puta. Vos le chupás la pija a mi marido, si, vos, puta de mierda, no te hagás la pelotuda. – Se acomodaba constantemente las tetas largas, sin corpiño, que le colgaban por debajo del top deshilachado-¡El me dijo! Que vos no sabés coger y le tenés que chupar la pija, siempre, me dijo todo de vos, y por eso me trajo acá para que me quede, hace un mes, por tu culpa, ¡por tu culpa, puta chupaverga!
Me solté y corrí unos metros. La ciruja me alcanzó en la vidriera de la librería religiosa, frente a la parada del 60
-¡Chupaverga!- gritó y me dio una piña en la espalda.
Había mucha gente en la fila, la mayoría nos echaba un ojo y después seguía con la mirada en espera.
Los libros religiosos distrajeron a la ciruja y aproveché para zafar. Antes de llegar a la esquina sentí un tirón eléctrico en la nuca. La ciruja me arrastraba por el pelo.
-¡Vos crees que dios te va a ayudar por chupar la pija! ¡Pero dios no ayuda a las putas que no saben coger y por eso le chupan la pija a mi marido! – Pegó un alarido largo, lleno de rencor-¡Y mi marido también te va a dejar acá y no va a venir más, es un maricón y un hijo de puta y te va a dejar para que le chupes la pija a la policía!
Estiré los brazos, agarrándome de la gente que pasaba. Me quemaba el cuero cabelludo y sentía los codazos y las patadas de las personas esquivándome. Hubo gritos, más kilombo, la ciruja me puteaba y lloraba reclamando que alguien le dijera donde estaba escondido su esposo.
Por fin pude soltarme del todo, saltando encima de una vieja y un perro chiquito que me mordió el culo. Crucé la avenida entre bocinazos, frenadas y más gritos y seguí por Sarmiento. Corrí empujando gente hasta que no quedó nadie; se hizo un silencio profundo y frío y la luz se volvió blanca. No era realmente Sarmiento. Había un olor empalagoso a madera y verdín. El silencio se quebró con algo que parecía la fricción de patas de insectos enormes.
Iba a ciegas por el exceso de luz, sabiendo que corría sobre un árbol, sobre la corteza que se rompía y desprendía pedacitos debajo de mis pies. No podía parar. La luz bajaba en flashes intermitentes, ruidosos. Me dolía.
Escuché un llanto de hombre. Eran dos chicos, no los podía ver pero sabía que estaban ahí abajo, abrazados al árbol. Le hablaban y lo acariciaban y lo lamían, como si estuvieran teniendo sexo con él. Sangraban porque el árbol les pedía que se golpearan la cabeza. Se los quería tragar; ellos lo amaban y el árbol los odiaba.
Pensé de nuevo en Hernan. Me estaría esperando, desconcertado o deprimido porque era un tipo inseguro y susceptible y me daba miedo lastimarlo. Lo quería con más fuerza que a cualquier persona en mi vida. Hernan se odiaba y renegaba de su debilidad y nunca supo –nunca le dije y ahora no había tiempo- cuanto admiraba esa debilidad, cuanto lo envidiaba. El era puro a pesar de la mierda que no lo dejaba avanzar y podía desaparecer cuando quisiera, dejarse ir. En cambio yo era un animal de agua estancada, mi cuerpo no me permitía abandonarlo, era culo y mierda, grasa y cuero. Y Hernan fue diluyéndose igual que el resto de las cosas en la luz blanca. Chau, Hernan, nunca te dije que te amo, que sos mi mejor amigo y no me interesaba coger con vos ni que cogieras con Eugenia aunque te lo reproché; era miedo, a que no fueras más mi amigo, a que me alejaras de tu mundo, a tus ideales irrealizables, a ese amor imposible que sentías por la conchuda amarga de Sara Kane.
Seguí corriendo hasta olvidarme de todo.


DOS


Habíamos ido con Alejo a la Fiesta Para Perder El Ego que organizaba su prima Brisa, en una quinta de Escobar. Brisa me tiraba onda desde hacía bastante tiempo y sospeché que era una trampa para castigarme por no darle bola. Decidí ir igual, para estar cerca de Alejo y en todo caso, eliminar o cambiar los sentimientos que no me dejaban crecer.
La fiesta en sí resultó bastante pelotuda, de noche, en un parque grande y mal iluminado, con música de bandas que aparentemente suprimen tu ego, como Massacre o Loquero. Brisa nos pidió a todos que nos pusiéramos en pelotas y formáramos tres círculos cerrados, de poca gente. Después apartó una persona de cada círculo y la colocó en medio de los demás. El elegido tenía que dejarse caer para que el resto lo atajara. Era un ejercicio que yo le había comentado que hice en alguna de mis clases frustradas de teatro y a ella le había impresionado infantilmente. Estar en bolas era incómodo pero todos los amigos de Brisa –ya muy borrachos a esa hora- entrecerraban los ojos como en un trance espiritual y al abrirlos y verse las pijas y las tetas sacudiéndose, sonreían casi con amor, bien dispuestos a perder su ego y confiar en los demás.
“Cuando terminen, traigo patys y red bull” nos dijo Brisa, para ponernos todavía más felices. Yo no podía concentrarme en atajar a nadie, pendiente del grupo donde había ido a para Alejo y de los forros que lo manoseaban porque él era uno de los que tenía que confiar y caer.
Era conciente de que nunca iba a pasar nada entre Alejo y yo y prefería mantener las cosas así y seguir cerca suyo como amigo. Pero me molestaba tener que ver como lo tocaban, estando alejados , sin poder tocarlo yo, verlo desnudo de cerca, oler su cuerpo en movimiento.
“¿Qué hacés, enfermo?” me gritó Brisa. “¡Estas haciendo todo mal!”
Una de las chicas se había caído y se tapaba la boca, chillando de dolor.
“Esto era lo que tenía que pasar con un enfermo como vos en el grupo, esta mierda tenía que pasar”. Los círculos se rompieron y la gente me rodeó, con cara de orto.
“Es por gente así que sufrimos todos, por gente insensible que deja que los demás caigan ante sus ojos; y los que nos tienen que sostener y contener nos abandonan y nos dejan caer, así, en el pasto… y nos rompemos la naríz, nos lastimamos el pecho… nadie nos contiene…” Brisa se agarró sus propias tetas enormes y se las estrujó, conmovida.
“¡Háganlo mierda!” gritó de repente y todos se me vinieron encima y empezaron a mantearme, igual que en el colegio primario. Me arrastré por debajo de la masa de cuerpos que me golpeaban con las manos abiertas, buscando a Alejo, tratando de abrazarlo en el kilombo, sentirlo aunque fuera un poco. No sabía si en el futuro podría encontrar una excusa tan buena.
Entre los tobillos de alguien, a la distancia, me pareció ver a Alejo y la puta de su prima, discutiendo. No estaban discutiendo, Brisa lo sostenía por los hombros y Alejo lloraba y se arrancaba los pelos. Tiré golpes de puños y patadas hacia todos lados, los forros se quejaron pero ninguno respondió. Me levanté y fui corriendo hasta donde había visto a Alejo, agarrándome los huevos, muy molesto.
Estaba Brisa sola, lloriqueando y mordiéndose los labios.
“¿Qué pasa, donde está tu primo?”
Brisa se quedó callada.
“¿Dónde está, boluda?, ¡contestame!” le di un par de bofetadas. Miré a un costado. Los demás nos miraban, con miedo de intervenir.
Se oyó una risa como de pájaro o de payaso transformado en pájaro. Se me vinieron pájaros y gente muerta a la cabeza, pirámides hechas de gente muerte. Salí corriendo.
Alejo estaba en un terreno pegado a la quinta, abrazado al tronco de un pino. Lloraba y se restregaba contra las cortezas.
“Papá… papá” gemia.
Me acerqué despacio, para no asustarlo.
“Ale… ¿qué pasa?”
“Estoy con papá. Tengo que nacer de nuevo” no me hablaba a mí, apoyaba los labios en el tronco, le hablaba y lo besaba.
Lo abracé por detrás y traté de despegarle uno de los brazos pero me empujó, con los ojos abiertos de terror.
“¡No!¡No! Tengo que nacer de nuevo por acá”
Señaló las raíces.
“Ahí están los huevos, ¿ves? Ahora cuando se abran tengo que meterme para nacer de nuevo. Para hacer todo mejor, empezar de nuevo y mejor…”
Me dio lástima la condición en la que se encontraba pero se me estaba parando y no podía hacer nada para evitarlo. Me rocé entre sus piernas y le besé la nuca.
“Ale… te amo, Ale.”
“Este árbol tiene huevos… por eso es mi papá” dijo Ale, agarrándome una mano y apoyándola en el tronco. “Tocá… mirá…¿ves? Vos también podés. Nacer conmigo. Del árbol. Porque tiene huevos…”
Las raíces latían debajo de las plantas de mis pies. La luz subía como si estuviese saliendo el sol.
“Te amo, Ale” volví a decirle, cagado de miedo.

miércoles 21 de octubre de 2009

SUBVERSION 4





Rogue Trooper es un G.I. del futuro, un cyborg; le implantaron un chip que es su identidad o su alma: su yo. Lo que nunca me quedó claro fue el aspecto orgánico de su identidad, si era o no medio humano. Tiene la piel azul, anda en cueros y lleva una cresta roja. No conozco el comienzo de la historia. Me acuerdo de algunas sueltas.
Rogue revive la masacre donde perdió a sus compañeros. Los chips con sus personalidades permanecen en su cuerpo, lo acompañan, le dan consejos y hacen bromas aunque no hay mucho humor porque la guerra es jodida y están en otro planeta y ni siquiera son humanos. Los humanos los odian.
Los chips de sus amigos fueron trasladados a su equipo defensivo. Gunnar queda en el rifle, Bagman en la mochila y Helm en el casco, todo muy ingenioso.
Esa historia termina con Rogue destruyendo algo grande, una nave. En el cuadro del final le dice al rifle:
“Vamos, Gunnar, el casco y el macuto han cumplido su misión. Todo nos ira bien en este apestado planeta mientras funcionemos como equipo”. El chabón no es ególatra.
En otra un grupo de soldados novatos –humanos- atraviesan un agujero negro y desembarcan en Tierra Nu, un punto estratégico de guerra. Hay una escaramuza violenta y solamente dos sobreviven. Los protagonistas son un soldado valiente pero sádico y otro cagón y humanitario. Los enemigos matan a todos sus compañeros y ellos quedan solos. Ahí aparece Rogue. El valiente lo reconoce y dice que es una rata maldita del desierto y lo quiere fusilar. Aparentemente Rogue mató a varios generales durante su carrera en la milicia. Rogue le dice que la corte, que el vino para ayudarlos porque cuando vuelva el enemigo los va a ejecutar. El cagón se pone de parte de Rogue, el valiente insiste en fusilarlo. La cosa es que al final el cagón mata al valiente para evitar que los mate a él y Rogue.
La reflexión final de Rogue es: “La guerra cambia a la gente, chico… y algunos mucho más que a otros”.
En la última que recuerdo sus amigos fueron regenerados, tienen cuerpos nuevamente y todo parece funcionar bien hasta que de repente y sin razón se desintegran. Rogue recupera los chips. Descubre que se trata de un complot de sus superiores. Hasta donde alcanzo a recordar, planea matar a todos sus superiores y termina reventando a un alienígena. El capítulo seguía en otro número.
Rogue terminaba diciendo: “¡Tendremos que luchar contra alienígenas!.”
Nunca supe que se hicieron esas historietas, posiblemente las haya tirado sin darme cuenta.

lunes 19 de octubre de 2009

Un poco de poesía, mader fakers


A los interesados, les dejo algunos poemas de Cesar Vallejo, de "Poemas Humanos" y "Poemas en Prosa".

Que los disfruten.


INTESIDAD Y ALTURA


Quiero escribir, pero me sale espuma,
quiero decir muchísimo y me atollo;
no hay cifra hablada que no sea suma,
no hay pirámide escrita, sin cogollo.


Quiero escribir pero me siento puma;
quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
no hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.


Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
carne de llanto, fruta de gemido,
nuestra alma melancólica en conserva.

Vámonos! Vámonos! Estoy herido:
Vámonos a beber lo ya bebido,
vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.


( de Poemas Humanos)




LA CÓLERA QUE QUIEBRA AL HOMBRE EN NIÑOS...


La cólera que quiebra al hombre en niños,
que quiebra al niño, en pájaros iguales,
y al pájaro, después, en huevecillos;
la cólera del pobre
tiene un aceite contra dos vinagres.


La cólera que al árbol quiebra en hojas,
a la hoja en botones desiguales
y al botón, en ranuras telescópicas;
la cólera de pobre
tiene dos ríos contra muchos mares.


La cólera que quiebra al bien en dudas,
a la duda, en tres arcos semejantes
y al arco, luego, en tumbas imprevistas;
la cólera del pobre
tiene un acero contra dos puñales.


La cólera que quiebra al alma en cuerpos,
al cuerpo en órganos desemejantes
y al órgano, en octavos pensamientos;
la cólera del pobre
tiene un fuego central contra dos cráteres.


(de Poemas Humanos)




NÓMINA DE HUESOS


Se pedía a grandes voces:

-Que muestre las dos manos a la vez.
Y esto no fue posible.


-Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.
Y esto no fue posible.


-Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un cero permanece
inútil.
Y esto no fue posible.


-Que haga una locura.
Y esto no fue posible.

-Que entre él y otro hombre semejante a él, se interponga una muchedumbre de hombres como él.
Y esto no fue posible.


-Que le comparen consigo mismo.
Y esto no fue posible.


-Que le llamen, en fin, por su nombre.
Y esto no fue posible.


(de Poemas en Prosa)



EXISTE UN MUTILADO...


Existe un mutilado, no de un combate sino de un abrazo, no de la guerra sino de la paz. Perdió el rostro en el amor y no en el odio. Lo perdió en el curso normal de la vida y no un en accidente. Lo perdió en el orden de la naturaleza y no en el desorden de los hombres. El coronel Piccot, Presidente de "Les gueules cassées", lleva la boca comida por la pólvora de 1914. Este mutilado que conozco, lleva el rostro comido por el aire inmortal e inmemorial.

Rostro muerto sobre el tronco vivo. Rostro yerto y pegado con clavos a la cabeza viva. Este rostro resulta ser el dorso del cráneo, el cráneo del cráneo. Vi una vez un árbol darme la espalda y vi otra vez un camino que me daba la espalda. Un árbol de espalda sólo crece en los lugares donde nunca nació ni murió nadie. Un camino de espaldas sólo avanza por los lugares donde ha habido todas las muertes y ningún nacimiento. El mutilado de la paz y del amor, del abrazo y del orden y que lleva el rostro muerto sobre el tronco vivo, nació a la sombra de un árbol de espaldas y su existencia transcurre a lo largo de un camino de espaldas.

Como el rostro está yerto y difunto, toda la vida psíquica, toda la expresión animal de este hombre, se refugia, para traducirse al exterior, en el peludo cráneo, en el tórax y en las extremidades. Los impulsos de su ser profundo, al salir, retroceden del rostro y la respiración, el olfato, la vista, el oído, la palabra, el resplandor humano de su ser, funcionan y se expresan por el pecho, por los hombros, por el cabello, por las costillas, por los brazos y las piernas y los pies.

Mutilado del rostro, tapado del rostro, cerrado del rostro, este hombre, no obstante, está entero y nada le hace falta. No tiene ojos y ve y llora. No tiene narices y huele y respira. No tiene oídos y escucha. No tiene boca y habla y sonríe. No tiene frente y piensa y se sume en sí mismo. No tiene mentón y quiere y subsiste. Jesús conocía al mutilado de la función, que tenía ojos y no veía y tenía orejas y no oía. Yo conozco al mutilado del órgano, que ve sin ojos y oye sin orejas.


(de Poemas en Prosa)

viernes 16 de octubre de 2009

SUBVERSION 3

Ella aparece de golpe, viene en bici. Pedaleando despacio, mirándome a los ojos. La tengo a unos veinte metros, a esa distancia las pupilas parecen de luz roja. El pelo es rojo, algunos mechones lacios le cruzan la cara, se le pegan a las mejillas transpiradas.
Ahora pasa demasiado cerca de mi y Tyson le ladra con odio, amagando con morderle las pantorrillas.
Tilsa me mira fijo a los ojos y no me saluda. Pedalea más rápido, se borra en el aire blanco y caliente.
Cuando termina de pasar siento un viento fresco subiéndome a la cara, trayendo mi propio olor a transpiración. Tyson se para en dos patas, ladrando y llorando a un volumen insoportable. Freno y lo estrangulo. Giro medio cuerpo hacia atrás. Veo bajar la bici, el pelo rojo golpeándole la espalda, el asfalto negro, opaco por la falta de sol y más allá a Mi-K arrastrando a su grupo completo. En el cielo un agujero de luz metálica se traga por dos o tres segundos el sol. Una sensación dulce me sube por las rodillas hasta el comienzo de los muslos pero desaparece enseguida. Me dan ganas de cagar.
Tyson se tira encima de Ulises. Ulises trata de morderle la cara. Tyson lo suelta y salta encima de Cuba, chupándole el culo. Cuba se deja sin mirar. Levanto la correa y vuelvo a estrangularlo. Tose y carraspea como si fuese de juguete y me mira a los ojos con tristeza. Willow sigue a la cabeza, alejado del resto, oliendo todo.
Arranco de nuevo, caminando más despacio que antes.
Mi-k grita:
-¡Chau, Tilsa!
Doy vuelta otra vez y la veo agitando la mano de tres dedos, saludando sonriente. El sol vuelve a salir con fuerza. Tilsa desaparece enseguida por la bajada de la calle, derritiéndose junto con el asfalto.
Mi-ka ahora grita para mi lado:
-¡Aguantá que ahí te alcanzo!
Me quedo parada mirándola.
Se agacha encima de los perros, que no paran de moverse y ladrarse entre ellos y desenreda las correas en cámara lenta. Putea confundiéndose los nombres, gritándolos a medias sobre las cabezas de los animales y tirando miradas rápidas llenas de odio a los costados. Tiene puesta una remera negra, sin dibujos y la mochila de Flema.
Después se endereza también en cámara lenta, levanta los brazos, los tira para adelante y los perros arrancan callados, caminando en orden. Da un vistazo a sus espaldas , por donde desapareció Tilsa para asegurarse de que no anda por ahí y me mira con un rictus de asco.
-Ahí pasó la puta peruana de Mark. Qué culito se come el muerto, puaj.
No se qué decir. Sigo caminando, subida a la vereda, cediéndole la calle. Uno de los mestizos que pasea en la parte de atrás de su grupo para en seco, haciendo fuerzas para cagar quieto. Es chiquito, se llama Lopez y tiene algo de coker.
Trata de apoyar el ojete en el asfalto mientras los demás empujan, arrastrándolo adelante. Estiro el dedo y lo señalo. Desde mi punto de vista, mi dedo queda pegado a su reguero de mierda.
-Lopez quiere cagar- le digo.
Mi-K gira la espalda sin dejar de caminar. Lo mira un segundo y hace un gesto de desinterés. El sol vuelve a quedar tapado, esta vez por una nube grande y espesa, parecida a un algodón manchado con grasa
-Que cague así.
El perro va dejando un sorete largo y finito en el cemento caliente. Arrastra las patas y frota el culo en el cemento hasta que termina de expulsar la mierda.
Arranca con la mirada felíz, oliéndole las pijas a los dos labradores de más adelante.
Mi-K se acomoda el cinturón puteando.
-Pará, pará un sec.- Rebusca en su mochila sin quitársela de la espalda, estirando los brazos. Chequeo la hora. Estoy atrasada alrededor de diez minutos. Un flash oscuro cae desde el algodón gigante de nubes negras. Podría ser un rayo lejano. Abro la boca para preguntarle a Mi-k si cree que va a llover.
Se está tirando agua de una botella chica de Glaciar. Primero encima de la nuca, después entre las piernas.
-¿Qué pasa, boluda?- Los perros me gritan, acompañándola.
Bajo un rato a la calle para ver si mis perros les ladran a los suyos y se los akilomban y ella deja de perseguirme pero los perros no se dan pelota.
Tyson huele unos soretes frescos cerca del cordón de la vereda. Prueba uno, lo mastica. Lo aparto del resto de la torta y dejo que se coma el que ya agarró.
Como no puedo estar sola y tranquila, empiezo a hablar.
-¿Esa mina, Tilsa, es la novia de Mark?
-¿Qué?
Mi-k vuelve a caminar.
Le grito:
-Tilsa, la mucama del fila. ¿Es la novia de Mark?
-No se si es la novia. Cojen. Ella se lo coje a él. El está enamorado.
Se queda mirando a un punto a lo lejos, pensando en lo que acaba de decir.
-Fiu, qué asquito.
Doblo con dificultad por la izquierda. Ulises es el único que me acompaña en la maniobra. Tyson viene por detrás de Cuba intentando montársela, mordiéndole el culo. Ella le tira tarascones de mentira y le salta a la cara, aplastándolo un poco. Me da la sensación de que quiere abrirle el pretal, para que se escape en medio de los autos y que lo atropellen y nos atropellen a todos además. Willow se queda parado, oliendo algo muerto, un pájaro. Ahora que no quiero que lo hagan, cada tanto giran los tres al mismo tiempo, ladrándole al grupo de Mi-k. Ellos no contestan.
-¿Adonde estás yendo, boluda?
Acelero.
-Tengo que agarrar un perro aca en Berutti.
Mi-K chequea su reloj. Silencio. Chispazos en las nubes. De repente, diez de sus once perros levantan la cabeza y me ladran. No a mis perros, a mi.
-Bueno, te banco. Total me falta como media hora para empezar entregar.
Como siempre, no se cómo decirle que se vaya.
Hago un esfuerzo.
-Mi-K…
-¿Qué?
-Dejame adelantarme.
Mi-K empieza a decir algo, muchas palabras en voz muy baja y a medida que más habla, más baja el tono.
-Es por el bicho que voy a sacar ahora. Es un macho dominante. Si lo saco y ve a otros perros cerca de su puerta se pone del gorro- le digo, también en voz baja.
La veo sonreirse. Tiene el mismo tipo de seguridad en las cosas que hace que el soldado.
-Dale, boluda, adelantate. Yo te dejo esta calle, a mi me da lo mismo ir por aca adentro que por cerca de la avenida . Yo voy re tranquila. Tus perros son los diabólicos.
-Bueno, entonces ¿te quedás acá?
-Si, boluda. Yo de onda te acompañaba.
-Es por este perro que lo saco menos que al resto y es medio violento.
-Ya se, boluda, tus perros son unos enfermos.
-Bueno, después te veo entonces.
-Dale, boluda. Te veo en la parada de la tarde.
-Dale. Chau.
-Chau, ahí te veo.
Hago un trecho sola, más de media cuadra hasta llegar a la casa de Dicaprio.
Engancho a Ulises y Tyson juntos en un mismo poste de basura. A Cuba la engancho del portón de rejas verdes. Toco timbre.
La enredadera es demasiado tupida para llegar a ver nada pero siento que algo se mueve adentro de la casa, entre las paredes. Un cuerpo pesado, caliente. Visualizándolo me doy cuenta de que me caen gotas de sudor por la nuca. Es suave y tibio. Lo relaciono con el alivio de ir sola. Toco las hojas de la enredadera y pienso con más fuerza en el cuerpo que se mueve adentro de la casa. Escucho lejos el ladrido agudo de Dicaprio, un llanto de tristeza y reproche.
La voz de Mi-k me hace sobresaltar.Me quedo mirándola fijo. Ella sigue sonriéndose.
-No es que sigan cogiendo. Cogian cuando Mark lo sacaba a Megatrón.
Mi-K está parada en la vereda, justo frente a mi. Sus perros me miran en silencio, esperando algo. Que me vuelva a quejar para ponerse a ladrar todos juntos. Le doy la espalda y me concentro en las hojas de la enredadera.
-A Mark siempre le gustaron las frikis y las negras. Es un come negra. Igual con esta se fue al re carajo.
Me quedo rígida, con la esperanza de que Mi-k se ofenda y se vaya. La casa está en silencio, Dicaprio no ladra más. Cuento hasta cinco y toco timbre de nuevo.
-¿ Y a vos cómo te trata?
No digo nada.
-Che.
Escucho el ruido de la llave metiéndose en la cerradura.
-Che ¿ cómo te trata a vos?
-¿Quién?-digo muy despacio, pensando que es imposible que Mi-K me escuche.
-Tilsa, boluda. ¿Cómo te trata? ¿Te mira mal, con cara de orto, se retrasa a propósito?
-No se. No la conozco.
-Pero tu primo lo sacó a Megatrón.
-Si. Él la conoce.
-¿Y no se la cojía también?
Estoy cada vez más agotada.
-No se, a lo mejor.
-¿Nunca la llevó a la casa?
-No se.
La puerta se abre. Primero sale Dicaprio, ladrando medio estrangulado. Estampa el hocico contra las rejas, destruyendo algunas hojas. Todavía no registra los perros de Mi-K y su cara es dulce, de boxer virgen, bueno con los bebés y los niños.
-No hace falta que toques más de una vez- me dice la dueña, el brazo de la dueña a través de la reja que se abre. Dicaprio se para en dos patas, desesperado por atención, libertad, odio de estar encerrado y de usar collar. Lo agarro sin conestar.
-Ya te lo dije muchas veces. A esta hora el bebé duerme. Yo tengo una criatura ¿entendés lo que te estoy diciendo?- La voz le tiembla. Tiene medio cuerpo afuera. Le veo un ojo negro, cubierto un poco por el pelo dorado. Respira entrecortado.-Tratá de tocar apenas, por favor. Es muy molesto el sonido y Dicaprio se pone histérico. Por favor.
El medio cuerpo y el brazo se reintroducen en la enredadera. Arrastro a Dicaprio hasta donde até a Cuba. En el camino ve a Mi-K y su grupo. Se para otra vez en dos ladrando con desesperación, mechando con aullidos. Los perros de Mi-K le contestan al unísono.
-Por favor, ¡callá esos animales!- me grita la dueña desde adentro de la casa.
Engancho a Dicaprio y a Cuba y voy estrangulándolos juntos mientras agarro a Ulises y a Tyson, colocándolos por detrás de mi, a la izquierda. Dejo a Willow adelante, solo, desconcertado por el kilombo como todas las mañanas. Los otros dos salen disparados hacia un costado, mordisqueándose entre ellos y ladrando a los perros de enfrente. Por fin bajo a la calle. Todavía escucho la voz de la mujer gritando algo del bebé.
Llegamos a una esquina sin semáforos. Pasan varios autos a baja velocidad y durante ese tiempo Mi-K y yo nos quedamos mirándonos en silencio. Yo bajo la vista primero.
-Que mogólica la gorda, eh?
-¿Qué gorda?
-La dueña de tu boxer.
-Ah, si.
-No te dejes forrear, boluda. Contestale. A vos que te chupa el bebé. El perro de ella es el histérico.
Mira con desprecio a Dicaprio.
-Encima ese nombre de mierda. Es un perro de mierda, los bóxers son todos una mierda.
Después de unos metros Dicaprio se tranquiliza. Camina oliendo el asfalto, alternando con la concha de Cuba y la pija medio salida de Willow.
-Es recontraobesa esa mujer. Se muere en cualquier momento.
En el cielo aparecen unas venitas plateadas. El algodón gigante se mueve rápido dejando al descubierto agujeros de luz que enseguida quedan tapados por nubes más chicas, igual de oscuras.
-¿Qué es Tilsa? ¿Boliviana, peruana, paraguaya, boliguaya?
-No se - respondo, esperando que siga ella para no tener que decir nada.
-A mi me parece que es peruana. No se diferenciar bien entre peruana y boliviana. Pero estoy casi segura de que es peruana.
Dicaprio tira desesperado apuntando a unos huesos de pollo en medio de la calle. Sin darse cuenta tropieza con Tyson, que le ladra y trata de morderlo. Dicaprio lo ignora y Tyson gruñe y después llora como una chica.
-No me caben las mucamas. Son todas unas peruanas hijas de puta. Todas son iguales. Y encima esta se lo garcha a Mark. O se lo garchaba, no se. Que hija de puta. Y el pelotudo, sabés, está reenamorado. Una vez habíamos ido a la casa, creo que era el cumpleaños y estaban estos dos mogólicos… ¿Cómo se llaman?… hace poco fue, creo que en noviembre. Se puso reenpedo y al rato se larga a llorar el mogólico. Y uno de los pibes dice, es por la muki boliguaya y los demás nos cagamos de risa. Jaja , le pegó mal al boludo.
Pasa una cuatro por cuatro y me quedo parada a un costado esperando. Mi-K sigue. Apenas arranco, siento una gota pesada y caliente en la mejilla.
-¿Y como anda tu primo?
-¿Qué?
-Lolo, tu primo. Cómo anda.
-No se. Bien.
-¿ Pero no estás viviendo ahí?
-Sí.
-¿Y sigue tocando?
-Sí.
-Pero no pasea más.
-No.
-¿Y qué hace?
-No se.
Mi-K va ganando distancia. De a poco se va achicando. Yo camino más despacio, la pierdo.
Se para y se da vuelta.
-Mandale saludos.
Nos miramos un segundo, después miramos el cielo.
-Hoy antes de salir de la casa me acusó de comerme todas las facturas. Unas facturas de mierda, de hace como diez días.
El cielo está blanco y brillante y me lastima. Bajo la vista, me quedo mirándome las zapatillas..
-Él se come cuatro o cinco por día, de las rellenas con dulce de leche, me las manda a comprar a mi. Esas se las come él y a mi me deja las medialunas de manteca que siempre van quedando porque son asquerosas y las pone en la mesa junto con otras más viejas. Las nueva las pone de su lado y se come esas y después sigue con las viejas.
Mi-K sigue mirando al cielo, no creo que me haya escuchado. Parece acordarse de algo y grita:
-¿Te enteraste de lo que le pasó ayer a Mark?
-No.
Me da la espalda sin bajar la vista del cielo y habla mientras se aleja.
Aprovecho para volver a doblar. Voy distraída, con imágenes y sensaciones mezcladas, de alegría por el calor y la transpiración; de miedo por que llueva y refresque; de tristeza por la dueña gorda de Dicaprio; de extrañeza por Tilsa; de agotamiento por la pelotuda de Mi-K; de angustia por lo que sea que le haya pasado a Marcos. El día está empezando apenas, todavía tengo que sacar perros. Árboles pintados de blanco, enredaderas, rejas, de nuevo el mastín napolitano con el perrito mestizo, parece que le come la cabeza, ahora ladran más fuerte. Ulises y Tyson les contestan, Dicaprio trata de zafarse del collar . Willow inclina el lomo como si fuera a echarse un garco, nervioso por el kilombo de los otros perros.
-Entonces ahora el chabón está recaliente y le dijo a mi hermano que los va a matar a todos. Yo no creo porque es un jetón asqueroso.
Mi-K habla tirándose agua de nuevo con otra botellita, detrás de la nuca y en la entrepierna. Corta de repente y veo que mira para arriba.
Hay un par de albañiles jóvenes en un balcón. Nos miran y hacen señas. El que tiene enfocada a Mi-K dibuja un culo con las manos, un cuerpo con una cabeza chica y un culo desproporcionado en relación. El otro me señala a mi y arruga la boca con asco. Hace como si se pegara en la pija. Los dos se ríen a carcajadas.
-¿De qué mierda se ríen?-les grita Mi-K.
Los tipos la miran, sorprendidos. No dicen nada.
-A ustedes les hablo, negros de mierda. ¿De qué se ríen?
Los tipos se ponen serios.
-¿Qué decís?- grita uno.
-¿Qué digo? Digo villeros, negros de mierda. A vos y a tu amigo. ¿Con qué animal cogió la puta de mierda de tu vieja para tenerte, negro sucio?
-Pendeja fiera, te voy a romper la boca.
-Vení. Vení, negro retrasado. Dale, bajá, vos y el puto come pija negra de tu novio.
Los perros de Mi-K se erizan y ladran todos juntos, acompañando los gritos de ella. Lopez es el que más tira para soltarse.
Mis perros se quedan quietos, esperando algo.
-¡Vengan, negros putos!¡Bajen a que se los cojan mis perros, villeros muertos!
Me voy alejando despacio, tironeando apenas a mi grupo.