martes, 6 de octubre de 2009

EL HIJO DE UNA MADRE PUTA (UNO, DOS, TRES, CUATRO)





Marcos era mi mejor amigo. Nos habíamos dado veinte martillazos de gas en un departamento sobre Avenida Libertador, gente amiga de Marcos. Yo me puse violento con las chicas y me echaron. Marcos, por ser mi mejor amigo, peleó con sus otros amigos y nos fuimos juntos.
A medida que nos movíamos, nuestra sangre se iba limpiando del gas. Nos quedamos quietos en una esquina sin gente, sufriendo, visualizando conchas en silencio. Reventando de las ganas de ponerla.
Movamos, Marcus, le dije, por temor a que el bajón de la quietud nos pusiera putos o suicidas.
No quiero, boludo. Dejame acá que me duelen los huevos.
Se tragó los mocos y suspiró: Andate, dejame solo.
En estos casos era al pedo insistir. Lo agarré fuerte del brazo con la mano derecha; con la izquierda le presioné la nuca y lo arrastré para adelante.
No quiero coger con vos, pelotudo, soltá, se quejó el salame.
¡Yo tampoco, forro!, le grité en el oído, bien adentro, casi chupándole la oreja.
Nos movíamos por Libertador con poca o ninguna energía, viendo conchas conchas conchas culos conchas culos. Yo acompañaba las conchas con una música de mierda de los ochenta que habían puesto en la fiesta de los amigos de Marcos. Un hit. Walking on sunshine, uoo. Trataba de conjurarlo con algo de los Pixies pero ningún tema del random mental que iba desgranando alcanzaba para curarme de esa infiltración alienante. Walkin on sonyain. Uooo-o.
Cruzando la avenida para el lado de la estación de trenes descubrí a la putita. Caminaba a una cuadra de nosotros, rápido, apretando los muslitos en su pantalón de material brillante.
¡Mark! ¡Mirá! ¡Es la putita de Casi Ángeles!
¿Qué, putita de qué? ¡Naaaa! se rió el pajero.
Mirá bien, pelotudo. Te digo que es la putita con rastas de Casi Ángeles.
Marcos no reconoció mi acierto pero estaba muy cebado y enseguida nos mandamos detrás de la concha famosa.
Corramos, Mark, ¡así no la alcanzamos más!
Callate que la vas a espantar, nabo.
Nos vamos a culear a esta minita, pensé. Nunca violé a nadie y no tenía idea de cómo encararlo. Me tiene que salir natural. Es algo que está en todos. Pero si en ese momento en mi cabeza sigo escuchando esta música de mierda no creo que se me pare. No se me va a parar y voy a quedar como un pelotudo. Ni siquiera como un puto. Como un impotente de mierda. Walkin onyonnsan. Si estuviera solo, la desmayo a la puta y después le meto algo, para que le quede claro que se lo hice. Pero con este boludo no podría. Me jodería por el resto de mi vida. No se le paró. No se le paró con la putita de Casi Ángeles, andaría diciéndole a todos nuestros amigos. Hasta a los forros del departamento de Libertador.
Miré a Marcos. Iba embaladísimo, con la pija a dos metros del resto del cuerpo. Por ahí a este pajero le va peor que a mí. Y entonces yo voy a ser el que lo va a boludear por el resto de su vida. Por ahí es como con el gas. Al chabón le sale el patético sensible come puntita de verga y termina llorándole en el hombro a la mina. Con la pija muerta en la mano. Eso me dio confianza y volví a apretar el paso.
Nunca supe si fue por el movimiento o la ansiedad de violentar a alguien pero el empuje de la sangre terminó de limpiarme la cabeza y la música de mierda se apagó sola. Ahora tenía Nimrod's Son machacando a todo volumen, dándome coraje para disfrutar del momento. Voy a culearme a esa putita y boludearlo a Marcus por su pija inservible y mañana voy a Cabildo y me compro algo caro. Unas botas. O una campera. Me drogo y compro y me hago una paja en el balcón de mi edificio con la campera y las botas, nada más. Limando como un hijo de puta, con los Pixies de fondo. You are the son of a mother fucker... One, two, three, four... Después de culearme a una puta famosa y de que a Marcos no se le pare seguro me siento mucho más relajado sexualmente. Voy a poder hacer lo que quiera. Le voy a comer el culo a Marina. Sin asco. Le chupo la caca como si me estuviera comiendo un danette. Lo que quiera. Empiezo de nuevo guitarra. Y si da me voy a la costa y practico buceo. Le pido plata a mi cuñada y voy a la costa. Y hago buceo, si. Iu ar de son ofamoder foker, uon chu tri for. La llamo hoy mismo a Marina. Y no me caliento más por mi hermano. Nunca más. No estoy obligado a bancarme la mierda de nadie. La única mierda que me interesa es la de Marina. El anillito apretado de Marina. Que se joda el pelotudo de Sergio. Que se joda. Te salió mal, bancátela vos. Por qué se la tiene que comer tu familia, también. Jodete, mongo. No tengo ganas de que me entierren la mano en el ojete nada más que para verlo y que encima me diga vos porque vivís, vos afuera vivís. Así, tan fácil, el chabón. Bueno, si, voy a vivir. La llamo a Marina hoy mismo. Ahora mismo mientras me culeo a la puta. Le tengo que cortar una rasta, para que me crean los pibes. Y te como el orto, hermosa, te lo como todo, como un danette. Me estoy curando. Me están curando los Pixies. Caminar rápido con los Pixies, generados por mi propio cerebro, mi propia sangre. You are the son of a MADEHFAKEH, 1,2,3,4.
La sangre nos hizo correr y saltar, a mi y a Marcos. La sangre me dijo cosas raras. Primero me dividió en dos cuerpos. Me mostró. Era un tipo de color azul. Mirá, fijate. Esta es tu alma, me dijo. Después me obligó a integrarme, a entrar en el cuerpo azul. Entrá por dónde puedas, fijate. Entré por el ombligo, había negrura y olor a pasto mojado. Al rato, el tipo que era mi alma se sintió asqueado de mí y me vomitó por la nariz. Me quedé solo, afuera, endurecido por el frío.
A Marcos su sangre no le dijo nada pero le hizo crecer el brazo. El brazo de Mark se estiró un metro, dos, media cuadra. Llegó hasta el culo levantado por la tela brillante y se agarró del hueco angosto entre los cantos. Me caí de rodillas en la vereda, tiritando.
¿Qué hacés ahí arrodillado, puto? ¡Vení que ya la tengo!
Hubo gritos de mujer, de vieja enferma. Yo transpiraba y me perdía de nuevo. Ahora, adentro del cuerpo de Marcos. Cerré y abrí los ojos un montón de veces, escapándole a la cara lastimada de mi hermano. Todo al pedo. Entonces cambié otra vez. Me trasladé a un rincón de la cara lastimada de mi hermano, para dejar de verlo. Nos vi a Marcos y a mí en una esquina a oscuras, convulsionando, cagándonos encima.
Marcos, no es normal esto.
Ya se, boludo.
Mirá como tenés el brazo, Marc.
Tengo que sacarme la leche, ya.
Su brazo reptó hasta mí. Me agarró por la poronga. Mi poronga entró por un ojo ensangrentado de Marcos. Me hundí entero y quedé ahí adentro, viendo una frazada vieja que se levantaba en cámara lenta.
Es una ciruja, Marcos, la vas a matar.
Marcos se movía encima de la frazada,  en un hueco negro al costado de la vereda. Yo lloraba y flotaba por cualquier lado.
Mirame, boludo, ni la toco. Mirá, en la frazada le doy, ni la toco. Me tengo que sacar la leche, ya.
Te estás cogiendo una muerta, Marcos.
Vos también, forro.
Me quiero morir.
Yo también. Matame. Dale, matame, por favor. Matémonos juntos.
Acabé y rodé calle abajo, con la frazada metida entre las piernas.