viernes 21 de enero de 2011

EL PRESENTE


Boluda, que sueño horrible que tuve, le digo a Lorena casi a gritos. Se que está enculada y quiero distraerla. O sacarla y que por lo menos me hable para distraerme yo.

Soñé que me venía. Así de golpe, después de diez años de atraso. Mal. En el sueño pasaban diez años pero yo no los sentía, nada más lo sabía. Y de repente abro la cachucha ¡y me sale un chorro de sangre negra!...

No hay reacción. Entonces grito como una retrasada.

¡Y el chorro de sangre negra se transforma en un cuerpo!

Miro por el espejo retrovisor. Lorena maneja con ojos de muerta, no puedo saber si me escuchó. Tengo la impresión de que no.

El sueño es eso nada más, pero lo sigo, adornándolo por la alegría.

La sangre se hizo un tipo alto. Está en bolas y al palo.

Me dice: Soy tu hijo, mamá.

Y yo: Hijo mío.

Y él: Mamá, decí rojo.

Y yo: Rojo.

Y él: Date vuelta que te cojo.”

Me río, atragantándome, apretando los pies contra el bulto. Me río hasta babearme.

Lorena para el auto. La miro con esperanza de que se ría o me putee. Se baja, cruza la ruta y se mete en el campo, saltando un alambrado medio caído. Va detrás de unos eucaliptos, a mear o a cagar.

Llevamos viajadas unas tres horas. Vamos hasta Junín, a dejar el bulto que nos trajo Sandra, la putita que vive con Lorena.

Antes de salir, estiramos el bulto en el piso del Escort, en la parte de atrás. Lorena quería meterlo en el baúl. La tuve que convencer de que era más seguro meterlo directamente en el auto y se enojó cuando vio que se quedaba sin argumentos. Ahora maneja con cara de ojete, arrepentida de haberme traído. Yo viajo lo más chota, apoyando los pies encima del bulto.

Es delicado el asunto, hay que reconocerlo, pero tampoco da para viajar cuatro horas y pico con el orto en la cabeza, sin poder relajarse hablando de cosas alegres.

Lorena vuelve, se sienta y arranca, todo a labio cocido.

Pienso en la Lorena que conocí de chica, mi mejor amiga de la primaria. Es tan diferente a esta Lorena amarga y anulada. Tan diferente a la mina que pudo haber sido que me dan ganas de cagarla a piñas.

No hago nada y me resigno a mirar por la ventanilla.

El campo es todo igual, repetido hasta el vómito. Pasto, sol, animales, árboles, cosos plateados para los granos, casita sola, y empezás de nuevo. Una mierda. La gente habla de vivir en el campo, en contacto con la naturaleza, se llenan la boca de pasto. Para mi el campo es la gente bruta que vive idiotizada de tanto pasto y de tanto cielo, igual que los animales que crían. Debe haber más locos por cabeza en el campo que en la ciudad.

Yo tenía una prima, Valeria, que vivía en Ameghino. Se volvió loca de tanto ver árboles y animales y pasto y tuvieron que internarla. Murió antes de cumplir treinta años, totalmente limada. Si hubiera vivido en San Cristóbal conmigo, estaría lo más bien. La enfermó el aire puro y toda esa cadorcha.La mente se te pone áspera en el campo.

Siento el bulto moviéndose debajo de mis pies. Me doy cuenta de que es imposible y le pego una patada. Despide un olor fuerte a gas. Entra un color negro por las ventanillas, me duermo o no se, me desmayo.

La frenada me tira de cabeza contra el asiento de Lorena. Estoy mareada, tengo que pensar en algo para salir de la locura del pasto. Vuelvo al sueño de la menstruación que se transforma en cuerpo. Reflexiono en voz alta:

A mi me viene puntual, cada veintiocho días. Me viene bastante, cuatro o cinco días seguidos. Me salen unos coágulos así, mirá, como pedazos de colchón de frutas. Los escucho cuando voy a mear, se desprenden y hacen ploc, ploc. Me duele pero es un alivio. No quiero tener hijos. Para nada.

Lorena prende un cigarrillo, le tiembla el meñique.

Si llego a quedar embarazada, aborto de una. Si no me lo quieren sacar, me lo saco yo. Me meto cualquier cosa, una birome. Me meto un gancho y me lo arranco a trozos.

Viene un pájaro violeta planeando en zigzag, como arrastrado por un viento fuerte. Golpea contra el parabrisas y sale de nuestra vista.

¡Me cago en la puta!, grita Lorena.

Igual, hace más de un año que no cojo con nadie. A lo mejor no cojo nunca más. Por mi, mejor, una preocupación menos. ¿Y vos? ¿Cuándo cojiste por última vez?

Pero nada. Hago un poco de autoanálisis, resentida por la negación constante al diálogo.

Tengo muchas cosas en la cabeza en este momento, antes que la preocupación de coger, Mi banda, principalmente. En mi banda somos todos amigos y nos amamos. Casi vivimos juntos. Cojer nunca fue mi prioridad. Y está el tema de que por más que te cuides, siempre podés embarazarte, a menos que te saquen los ovarios o te aten las trompas. Dos cosas que quise hacer pero las autoridades no te lo permiten porque el gobierno quiere que los ciudadanos sigan reproduciéndose para que haya un país. Consumidores, gente bien, gente mal, todo lo que se necesita para que la super garcha funcione como debe. Por eso no hay aborto. Encima, si me embarazo por accidente hasta es posible que tenga un hijo down. Hay un par de mogólicos en mi familia, lejanos, pero están ahí, presentes, como recordatorio.

Desconozco la cantidad de mogólicos por cabeza que habrá en el campo. Seguro debe correr parejo con la cantidad de locos. Es una mierda el campo.

¿Sabés que cuando te hacen el examen para saber si tu bebé va a ser down, si da positivo después los hijos de puta no te lo quieren sacar?, pregunto sin esperanzas.

Lorena mueve la mano buscando la radio. Insisto. Quiero una opinión, una puta opinión, carajo.

Te ponen un montón de trabas para sacarte de encima un pendejo mogólico, ¿sabías? Tiene que correr peligro tu vida. ¿Te imaginás, qué pelotudez? Como si tu vida va a seguir normalmente con semejante premio. Por eso, si me llego a embarazar y no me dejan que aborte porque es down, lo tengo y cuando nace lo reviento. Le doy hasta que quede como una pulpa. Primero lo estrangulo con el cordón. O con una soga, no importa. Y ahí le doy con una masa hasta que no se entienda qué es. O le entierro un desodorante por el culo y lo tiro al fuego. Así explota y no queda nada que me comprometa. Total, digo que tengo depresión pos parto y listo. Ni voy a tener que fingir, suficientemente deprimente es el cuerpo todo deformado que te deja un bebé después de romperte la argolla.

¿Te querés callar, pelotuda de mierda? ¡Callate de una vez!

Es lo primero que me dice Lorena en casi cuatro horas de viaje. Prende la radio y busca, histérica, atropellándose sin poder sintonizar nada. Me da lástima.

Yo tengo música en mi celular, si querés.

Metételo en el culo, con el desodorante.

Es de mi banda, boluda. ¿Te acordás que dejamos un tiempo? Pero ahora volvimos y grabamos quince temas. ¿No te acordás que te conté?

Hace como un año que volvimos a tocar, gracias a toda la pila que le metí, porque desde el principio fue mi proyecto. Ahora hacemos covers, nada más. De todas las bandas que nos caben. Radiohead. Smitten. Pantera. Meta Guacha. Bjork.

Lorena frena de golpe. A mí me da un espasmo, un calambre, no se. Se ubica a un costado de la ruta, me habla sin mirarme. Le sigo los labios por el retrovisor, me amenaza con algo que no entiendo.

El aire adentro del auto es dorado oscuro. Debajo de mis borceguíes el bulto se diluye y sube un olor a culo insoportable. Me veo descalza, sin entender cómo. Algo me chupa la planta de los pies, una lengua caliente y seca. Trato de apoyarme en otro lado y no me responden las piernas. Al color dorado se lo traga un azul fuerte, desaparece todo, se borra, a la mierda todo.

La razón para terminar haciendo nada más que covers fue que los cinco componíamos y los cinco nos tirábamos mierda entre nosotros, por celos. Por nuestras personalidades demasiado fuertes.

De común acuerdo preferimos cuidar nuestra amistad, lo mejor que siempre tuvimos. Y dejar el tema de la creatividad para cuando estuviéramos más maduros psicológicamente.

Cada cual trajo material de sus bandas favoritas y entre todos les dimos nuestro sonido a cada tema. La onda que venimos desarrollando desde el comienzo, mucha distorsión y mugre. Nos rebautizamos así: MUCHA DISTORSIÓN Y MUGRE.

Yo traje a Bjork, mi mayor influencia. Luchando bastante porque los pibes aborrecían a Bjork. De ella hacemos mis dos canciones preferidas: “Army of me” de Post, y “Pluto” de Homogenic. Pluto es el tema con el que decidimos cerrar los recitales. La letra dice:

Disculpame pero tengo que hacer explotar mi cuerpo

Mañana me voy a despertar como nueva

Un poco cansada, pero nueva

Los pibes me discuten que no significa nada. Para mi es una imagen muy potente.

Hay un poema de un tipo que revienta, no me acuerdo de quién. Empieza preguntando: ¿quién soy? Después se presenta, dice, soy fulano. Y vengo a reventar y a convertirme en otro. Alguien nuevo. Algo así.

Ojala el día que lo leí me lo hubiera anotado en alguna parte.

¿Qué tendría que poner en Google?, le pregunto a Lorena. ¿Qué pongo? ¿Poema de un tipo que revienta? Si no me sale ese, a lo mejor me manda a otros poemas todavía más locos. Tipos que revientan de otras formas y por otras cosas. Re.

Lorena abre la boca. El bulto late, los latidos tapan todo.

Campo de color amarillo

De tarde

El cielo se apaga

El pasto se traga el sol

Está bueno para una letra. Anoto mentalmente mientras Lorena mete el auto en el pasto. Tendría que alarmarme que estemos dejando la ruta pero no, porque en estos momentos estoy por la paz con ella. Me pegan mal en el estómago su actitud y su amargura y quiero ponerme un rato en su lugar.

Lorena vive una vida vacía con una pendeja de mierda, abusiva y hueca, que ni siquiera está con ella de verdad, y cuando está con ella es para hundirla. Se que abandonar la ruta no es parte del plan y conociendo la inestabilidad de esta pajera no me extrañaría no encontrar nunca más el camino de vuelta. Terminar perdidas en el pasto, arrastrándonos. Bichos invisibles de la humedad, comiendo tierra, cojiendo indiscriminadamente con otros bichos sin verles ni la cara porque no tienen cara. Reproduciéndonos sin parar, cojiendo y pariendo, poniendo huevos todos los días en la tierra. Seguro por como distorsionó su vida hasta ahora, le gustaría eso. Ser un bicho bolita.

Yo tengo mi banda, mis amigos, mis sensaciones con la música. Las cosas que en las que creo. A esta pajera ¿qué sensaciones la mueven? ¿En qué cree? En la mierda que le dice la gente que habla más alto y más rápido que ella.

Pero está triste y su tristeza me puede. En mi corazón existe una Lorena diferente y no termino de perderla.

¡Pará el auto, Lo! ¡Paralo ya!

No. No voy a parar. Me importa todo una mierda.

No seas enferma.

No voy a parar.

¡Por favor, boluda! ¡Nos va a tragar! ¡El pasto! ¡Nos está tragando!

Hago un esfuerzo animal, con el cuerpo y el alma juntos y pateo el bulto un montón de veces. El olor inunda, nos quedamos sin aire. Hago más fuerza de la que soy capaz para no desmayarme, tengo miedo, nos borramos igual.

En mi corazón guardo y protejo a esa Lorena distinta, invencible. Más fuerte que yo. La Lorena que a los siete años era capaz de tocar un perro muerto, meter la mano entre las tripas y revolver, cagándose de risa. Los demás nenes la respetaban y yo la envidiaba. Estaba orgullosa de ser la única que se quedaba a dormir en su casa, en su cama. La guardé durante todos estos años, con tanto amor. La siento en el pecho. Llorando. No me deja que la toque.

¡Pará, te digo, conchuda!¡Pará el auto!

Pateo más y el olor me desgarra por dentro. Me vomito las rodillas.

Es ácido sulfúrico este vómito. Perfora el jean, la carne, traspasa la lona que envuelve al bulto. Lo deja libre. Una carne marrón trepa por mis piernas, no tiene cabeza.

El cuerpo del bulto es el cuerpo de la menstruación de mi sueño. No le intereso yo, la busca a Lorena. La abraza por detrás, el auto se va al recarajo.

¡Dejala, hijo de puta!, grito. Lloro.

Salgo despedida por una puerta abierta, segura de que se me quebró el cuello. De repente estoy sola, comiendo tierra sin poder alzar la cabeza, arrastrándome por el pasto de los brutos del campo. Chupando minerales para siempre.

Campo de color amarillo

De tarde

El cielo se apaga

El pasto se traga el sol

Así dice la letra de este tema. La escribo mientras corro buscando a Lorena, mi Lorena.

Busco en mi corazón

Y mi corazón va a explotar

El campo es una mierda

Y mi corazón también

Pero adentro vive mi amiga

Adentro de mi corazón

Y de este campo amarillo

Tengo que encontrarla

Antes que el sol se acabe

Y desaparezcamos en el pasto

No me gusta lo último. Desaparezcamos en el pasto. ¿Nos devore el pasto? Igual no hay tiempo para corregir nada. Tengo que seguir corriendo, buscándola, acelerando los días que me queden de vida hasta encontrar algún momento nuestro, que la salve a ella y que a mi me deje salir del pasto.

Estamos escuchando algo que trajo Brian, una banda que conoce él solo. Habíamos empezado a laburar en una onda bien sucia y pesada pero el pasto avanzó hasta tapar la batería. Brian primero se calentó y después dijo mejor, encendió el celu y puso de nuevo esto que ya me dijo dos veces cómo se llama y yo me olvido.

Levanta el celular, mueve la cabeza y una pierna. Los demás comemos fetas de salame de un taper que nos vamos pasando.

¿Qué me dijiste que es esto?, le pregunto a Brian pero antes de que me responda la veo a Lorena mirándonos a todos con su peor cara de ojete.

Pienso si decirle que venga con nosotros. Los pibes la conocen de vista, de las veces que me acercó en auto a la sala de ensayo.

La forra se da vuelta sin saludar a nadie y se va, bien puta y antisocial. La persigo sacándome pasto de la cara.

¡Pará, Lore!.

La veo cada vez más lejos.

Pará, hija de puta, ¿qué mierda te pasa ahora?

La alcanzo, me pongo a la par. Ella camina, yo tengo que correr. Sé lo que le pasa. Celos. Los celos se la comen cruda.

Sos una pendeja de mierda, celosa. ¿Qué tenés, trece años?

Once. Y soy más mujer que vos, muerta.

Eso me decía cuando éramos nenas, muerta me había bautizado. Desde cuarto grado me dijeron así, por su culpa.

Esto te va a pasar a vos también. A mi me pasó primero porque soy más mujer que vos, me dice mostrándome una toalla femenina pegada a su bombacha, con dos líneas de sangre. Tiene once años, igual que yo, que la miro con asco y envidia.

Empujo a la nena de once que fui, la veo prenderse fuego. Agarro a mi Lorena del brazo, corro con ella. Se resiste, la agarro por el pelo, la arrastro. La bombacha le quedó a la altura de las rodillas, se enreda y cae en un charco de barro. No le doy tiempo a incorporarse, la arrastro de nuevo, la escucho llorar sin mirarla. Voy concentrada en el pasto, en el presente, en encontrar el final del pasto.