jueves 3 de marzo de 2011

CORRO, NO CORRO, DICE LA SANGRE


¿Quién me legitima? ¿Quién dice que vale la pena que abra la boca? ¿Que anote, que mire a los demás y anote? ¿Que saque conclusiones cada vez más en punta?
No es uno solo el que se adjudica mi permiso. Pero actúa como uno, un organismo. Por encima y por dentro de todos y es viejo como la sangre. Es el papá de la criatura.
¿Por qué entonces no puedo vivir al ritmo de mi propia sangre? Es una sensación, es discutible. Como el tiempo, la sangre corre como el tiempo, lento o rápido depende de uno, del fastidio, del cagazo.
Entonces pongamos que voy por detrás. Cansada, desfasada. El colectivo cada vez más despacio. La concha de tu hermana, chofer. Qué jodido ir por detrás de tu biorritmo, de tus necesidades. Miro por la ventanilla, qué despacio va todo. Menos los árboles. Los árboles corren independientes del velocímetro. ¿Qué será? El poder de la voluntad. Un principio subversivo, una magia. Estoy re cansada de la magia también.
Después llego donde sea que tengo que llegar, me siento de nuevo, o me paro. Hago lo que tengo que hacer. Espiada por la sangre que se queja de lo lento que voy. Qué poco progresaste. Qué mal que invertiste tu talento. Es culpa del colectivo de mierda, pienso. Y del poco permiso que me dieron. Es culpa de los padres. Del padre del colectivo.
No, me dice la sangre. No es culpa de nadie. Fijate bien, boluda, no hay nadie.
Es verdad, no hay nadie. Todo lleno de árboles y sin nadie.

2 comentarios:

La Máquina de Hablar Pavadas dijo...

Espiada por la sangre que se queja de lo lento que voy.
No es culpa de nadie.
Todo lleno de árboles y sin nadie.


vivir sólo por hora, contando finales en tragaperras, algo que termina sin parar

offboi: dios no existe, la palabra verifica

José A. García dijo...

La soledad es la única creadora, y somos los culpables de estar solos.

El círculo sigue girando. Somos nosotros los que no sabemos cómo mirar.

Saludos

J.