
Mi viejo me llamó cerca de las nueve de la noche diciéndome que fuera a verlo porque se iba a morir. Le pregunté qué le estaba pasando y me repitió a gritos que se estaba muriendo y que era mi padre, qué otra razón necesitaba escuchar.
Más vale que vengas, concha de tu puta madre, me dijo y cortó.
Dejé pasar dos o tres colectivos antes de decidirme. Subí y el chofer me dijo Hola. Me descolocó porque era la primera vez que un chofer me saludaba antes de pedirle el boleto y me dio mala vibra contestarle. Mientras buscaba asiento lo oí quejarse. Maleducados de mierda. Todos.Fui escuchando Crystal Castles durante todo el viaje, pensando en el bien y el mal, los mundos invisibles, el dolor de los muertos.
Llegué después de una hora. El barrio era feo y tenía diez cuadras de caminata desde la parada. Había luna llena y mucha gente paseando todavía, en medio de la calle, entre los autos. Caminé concentrada en mis zapatillas hasta la puerta de casa. Llamé varias veces y no respondió nadie, solamente por eso usé mi llave.
Mi papá estaba sentado en el living comedor, con la cabeza volcada en un plato de arroz con pollo, roncando. Le toqué un hombro, la espalda, no se movió. Su piel despedía olor a alcohol y a grasitud corporal. Fui hasta la cocina, abrí la puerta y salí al patio. El perro llegó corriendo y me saltó pidiéndome que lo acaricie. Poto, le dije. Le apreté el hocico para enojarlo, él me mordisqueó y me lamió los dedos. La oscuridad del jardín venía cargada de malas vibraciones y tantee la pared buscando la llave de luz pero no la encontré. Me sentí mal y corrí para adentro, perseguida por el perro. Entré en la habitación de mi infancia y me quedé ahí con Poto. Miré el colchón sin sábanas ni almohadas, cubierto de polvillo. No daba más de cansancio así que me tiré igual, vestida y con las zapatillas puestas, y Poto subió y se hizo un bollo entre mis piernas. Dejé la luz encendida. Me dormí. Soñé que me ardía el bajo vientre y me lo acariciaban tres manos gordas y unas nenas corrían a mi alrededor empujándome para que me cayera. Iba al baño en presencia de otras nenas más chiquitas y lastimadas, me sentaba en la taza y no podía orinar porque no dejaban de mirarme. Volvía con las nenas que corrían, ellas se transformaban en cubos azules y me seguían empujando.
Me desperté con la luz apagada. Grité del miedo y Poto se bajó de un salto, aullando desesperado. Busqué al perro en la oscuridad, lo agarré del cogote y fui hasta el interruptor apretando los párpados y la mandíbula, con el corazón explotándome hasta encender.
¿Voy a integrarme a lo eterno cuando muera o me voy a absorber para siempre en lo mineral? Tengo que estar integrada a algo vivo después de morirme, pertenecer, cortar con tanto aislamiento. Me da miedo ir a parar a las paredes, como la mayoría. Si contactás demasiado con lo que controla nuestra duración en este plano quedás rota por dentro y les das asco a todos.
Mi papá me pegó en la cabeza y me desperté de nuevo. Era de día.
¿Qué hacés durmiendo acá?
Nada, es mi pieza.
Te dejé mi pieza anoche. Te dejé la cama grande. Acá está todo roñoso.
Está bien, no me importa.
Y el perro. Dormiste con el perro.
Fui hasta el baño seguida por mi viejo.
¡Dormiste vestida y con el perro! ¡Con las zapatillas puestas! ¡Voy a tener que tirar el colchón! ¡Te estoy hablando, dejá de caminar cuando te hablo!
Cerré la puerta y mi papá siguió hablándome desde afuera.
Ese colchón todavía servía y ahora no sirve más. ¿Cómo lavás un colchón? ¿Por qué sos tan pelotuda, si yo te dejé la cama grande? ¿Para qué carajo te dejo la cama grande, para que duermas en la mugre?
La taza del inodoro estaba vomitada. Oriné en el bidet y dejé correr el agua.
Te estoy hablando, la puta que te parió.
Dejé que me agrediera sin contestarle. Al rato se cansó y no lo oí más pero igual me quedé sentada encima del bidet sin hacer nada. Me dolía la cabeza, tenía una sensación de asfixia. Miré el techo. Había una nubecita gris, difusa, como de fumata.
¡Nos incendiamos! grité.
Abrí la puerta y lo vi a mi papá, esperándome.
Fuego, dije en voz baja.
No es de acá, es de afuera.
Estiró un dedo hacia mi cara.
Te sangra la nariz, ponete algo. Me palpé, era cierto.
Es tóxico esto, no lo aspiremos.
No hace nada, dijo mi papá. Exagerada de mierda. Igual que tu madre, de cualquier cosita de nada hacen una tragedia.
El humo tóxico se mantuvo más o menos respirable. No era un problema nuestro sino del todo el barrio. Para combatirlo mi papá dijo de hacer un asado y me mandó a comprar leña. Bloquee la hemorragia nasal con dos tapones de algodón y salí sin acordarme dónde vendían. Pensé preguntarle a alguien en la calle pero me daba vergüenza, tardé bastante en ubicar el negocio. A la vuelta me coloqué música, de nuevo Crystal Castles. No era lo mejor para el lugar por donde caminaba pero igual puse XXZXCZX ME y colgué con la letra. Era sobre robots, si es justo tratarlos como objetos. Sólo porque no lo sentimos en la carne no quiere decir que no temamos la muerte. Lo dejé en repeat.
Las casas tampoco tienen carne y se cagan del miedo a la muerte, están obligadas a abrazarse para siempre a la basura emocional que emanan los que viven ahí. Cuando sus dueños mueren las retienen hasta que las tiran abajo. Una vez leí de un tipo que desaparecía absorbiéndose en los objetos, las paredes. Lo habían diagnosticado como enfermo psiquiátrico. Nadie quiere enterarse de lo que pasa post cuerpo. Nadie.
Cuando volví a casa mi papá charlaba con el negro Alberto y su familia y todos a la vez me miraron mal. Eran mi tío, su mujer y mis primos. Dos de los más chiquitos le tironeaban de las orejas a Poto y él se dejaba, lloriqueando.
¡Qué hacés, Florchu!
Alberto me saludó disimulando el malestar.
Alber, decile vos, le pidió mi papá, codeándolo. Evitaba el contacto visual conmigo. Alberto me pasó un brazo por los hombros y me llevó al living.
¡Qué locura esta humareda, che! Tu papá tendría que mudarse, no se puede vivir en este barrio. Mucho bolita y mucho humo, yo le estoy diciendo siempre. Este es un barrio de bolivianos, qué vas a hacer viviendo acá. Tu casa baja de precio, no hay un supermercado como la gente, es una locura. Ni agua potable, nada. A ver si vos te ponés a hablar con él la próxima vez que vengas, mamita, así lo convencés.
No se si pueda.
¿Cómo no vas a poder? ¡Vos sos la hija! ¿A quién va a escuchar si no te escucha a vos?
No se.
Yo le tengo dicho. Acá cerca hay una quema y todo esto que estamos aspirando ahora es tóxico. Una vez cada tanto que lo aspires, vaya y pase. Pero dos o tres veces por semana, como viene pasando últimamente, noooo. Noooo.
No sabía, hace mucho que no vengo.
Yo te explico lo que pasa, mi amor. Es todo un tema del gobierno, que quiere exterminar a los bolitas. Es clavado. Por eso te digo que tu papá no tendría que quedarse acá, ni un mes más. Yo le dije, ni te calientes en vender, ya tu casa no vale lo que la pagaste. Sacás un crédito y te venís a vivir a un lugar como la gente. Y se terminó, ¿no te parece?
Si, qué se yo.
Bueno, vos dejá. Vos dejá que yo le hablo. Vos no le digas nada. Es verdad, tenés razón. Vos venís muy poco, no te podés ocupar de estás cosas. Vos dejame a mí.
Okey.
¿Y, mi vida? ¿Qué tal andas? ¿Seguís paseando perros?
Si, por ahora.
Mirá. ¿Y no tenés otra cosa en vista? Por tanto esfuerzo, digo. Tanto cinchar. Viste que nosotros, toda la familia somos delicados de acá.
Se palmeó la cadera.
Estoy bien, Alberto, no hay drama.
No, si ya se. Ahora estás bien. Pero de acá a diez años te quiero ver. Aparte los animales. Es un peligro. Mirá si se te vuelven locos en una de esas. Hay que llevar una banda de animales. Si se vuelve loco uno, se te vuelven locos todos.
No tengo problemas, de verdad.
¿Cuántos estás llevando?
Quince.
¿Juntos?
Si.
Pero, mamita… ¿qué estás haciendo con tu vida?
No pasa nada, Alber. Hay chicos que llevan más.
Un día de estos un perro se te levanta mal y cagaste, insistió. Yo conocí un pibe que perdió un huevo. De verdad. Bueno, igual vos siendo mujer, estás mejor. Lo tuyo está más protegido.
Se rio y esperó a ver si yo también me reía. Mi risa obligada sonó a un gemido triste, al gemido de un nenito que se está por morir solo en la calle, arrinconado contra una pared y él sabe que esa pared se va a tragar su alma apenas salga. Pero Alberto quedó satisfecho. Me tocó el pelo, una mejilla.
Enserio. Mirá si un día se te rechiflan y te morfan una mano. ¿Qué vas a hacer? ¿Quién te arregla eso? Vos te das cuenta que sin una mano quedás discapacitada, ¿no?
No es tan fácil que pase algo así.
¿No? ¿Te parece que no?
Se sacó una lagaña y suspiró.
No sabés las cosas que vi en la vida, Florencia. Si yo te contara. Vos pensás que viste mucho porque te estás haciendo grande ya, pero yo soy un poquito más grande que vos y te juro, corazón, qué vi de todo. De un tirón me hicieron ver toda la novela a mí. Todas las cosas que uno piensa que mirá si va a pasar semejante mierda. Y un día pasan. Y vos estás en el medio y pensás, pero cómo puede ser. Por qué me está pasando esto. Pero vos fuiste a eso. Vos lo estabas buscando. Inconscientemente ¿entendés? Vos estabas llamando la desgracia. No lo digo yo, lo dice el psicoanálisis, los estudiosos. Una parte de uno quiere salir adelante pero hay otra que quiere hundirse. ¿Me seguís?
Te sigo.
No es que yo me analice, ojo, yo todavía y a Dios gracias, no lo necesito. Es de tanto hablar con la chiquita esta del grupo donde va tu papá. Es tremenda esa piba. Uno la mira y piensa, está perra con esa boca, con ese culo de yegua. Y encima que es entradora y se ríe de cualquier cosa y uno no va a pensar que la tiene tan clara y sin embargo, fijate. Una luz, la pendeja.
Se acarició la barbilla. Parecía ido. Después se rió un poco alto y me sobresalté.
Qué piba esa. Qué rica, que flancito. Bueno… Pero el tema es ese, mi amor. Que no es que uno lo controla. En algunos es más fuerte que en otros. Vos fijate en mí. Fijate que es una cosa, no sé como decirte. Más armoniosa. Mi familia, todo. Pero tu viejo es la otra cara ¿entendés?
Será, no se.
Es así, no te quepan dudas. Vos y tu viejo son de una naturaleza menos armoniosa y es muy difícil que sintonicen bien estando juntos. Pero no es algo negativo, no hay que verlo así, es la naturaleza de ustedes, que por ahí, anda a saber. Por ahí ustedes son más especiales que nosotros, que somos comunes y por eso nos conformamos y estamos mejor mentalmente ¿no? Tu papá, mi amor, no lo podés juzgar. Él, pobre hace lo que pu…
Pará, Alberto. Él me pidió que venga. Él me pido a mí, yo no quería venir.
Alberto me miró a los ojos, como buscando. Se miró las manos, flexionó los dedos, me volvió a tocar el pelo y la mejilla.
Eso dejémoslo de lado, corazón.
Yo no quería venir.
Está bien, no te enojes.
No me enojo.
No te enojes, Florencia. Tranquilizate ¿si? Está todo bien. Estoy yo acá, ¿sabés?
Me abrazó. Sus huesos se me clavaron en las tetas.
Tranquila ¿si? Eso dejémoslo. Lo importante ahora es otra cosa. Lo importante ¿sabés lo que es?
Me soltó y me sostuvo otra vez la mirada.
Lo importante es que yo ahora, con la leña que vos trajiste voy a salir y voy a hacer un asado, como quiere tu papá. Por más que yo sé que no va a servir para una mierda para que se vaya este humo maldito. Lo voy a hacer porque soy su hermano y quiero que esté bien, y punto. Que vuelva a vivir. Él es joven todavía, no se merece lo que le está pasando. Así que voy a hacer el asado y vamos a comer todos juntos y yo con mi familia le voy a contagiar a él toda la armonía que a nosotros nos llega naturalmente, gracias a Dios. Todo lo que a él le falta se lo voy a dar en este almuerzo, ahora ya. Por eso, lo importante es que vos te pongas las pilas ¿si?
Todo bien, Alber. Yo como y no digo nada.
No, no. No, no, no me entendés.
Sacudió la cabeza.
Vos lo que vas a hacer ahora es abrir la puerta y salir y caminar tres cuadras derecho. Y después de la tercer cuadra, en la esquina, vas a encontrar a un pibe que va a estar esperándote porque yo le dije. A ese pibe vos le vas a dar tus datos. Todos tus datos. A lo mejor te hace preguntas que no te gustan y yo sé cómo sos vos. Igual que tu papá. Los dos, uno más orgullosos que el otro. Pero atendeme, angelito. Para que las cosas funcionen, vos te tenés que poner las pilas. Y entonces a este muchacho le vas a contestar todo lo que te pregunte, aunque te parezca una boludez o aunque te parezca, no se, aunque pienses, pero mirá que zarpado este pibe. No importa. Vos le contestás, punto por punto. Y este pibe te va a ayudar a salir adelante. Te va a mostrar, no te digo otro mundo, pero casi.
O sea que quieren que me vaya.
Te pido por favor que no lo pongas de esa manera.
De la nada se le llenaron los ojos de lágrimas.
No sabés lo que es esto para mí. ¿Te crees que a mi me resbala verlo así a tu viejo? ¿Y a vos, a la primer sobrina que tuve, la primer hija de mi hermano mayor, la Florchu? ¿Qué edad tenés ya?
No quise decir eso, tío.
¡Tenés treinta y dos años!
Treinta.
¡Treinta años! Y no construiste nada, mamita. ¿Y vos te crees que eso a mi me resbala? ¿Vos te crees que yo no siento tu fracaso en mi corazón? De verte así, que no tenés un buen trabajo, que no hiciste una carrera. Sin pareja, sin amigos…
¡Tengo amigos!
Flor… decime la verdad, mi vida. Vos te estás drogando.
No.
Me acarició la nariz.
No te estoy juzgando, Florencia. Abrite conmigo.
Estoy sangrando por el humo.
Nunca pensé que íbamos a llegar a esto con ustedes, con vos y con él. Dios mío, que desastre.
¡Estoy bien, no me estoy drogando! ¡Es el humo, tío, enserio!
¡Escuchame un poco! ¿Todo lo que te duele pensás que no lo veo, que me hago el pelotudo, yo? ¿Qué porque me rio siempre y trato de ponerle onda no sufro con ustedes?
Agaché la cabeza.
Está bien, Alber. Me voy.
Bieeeen, mi vida, bieeeen, ¡esa es mi Florchuchi! Si vos te das cuenta de todo, angelito. Ya sos grande, no sos más una criatura.
Está bien, no hay problema.
Tres cuadras, mi amor. Tres cuadras y te me pones las pilas con este muchacho.
¿Cómo se llama?
No, no. Ves, así no es el asunto. Vos no tenés que preguntar. Él te va a preguntar a vos.
Pero a vos te lo estoy preguntando ahora, no a él.
Resopló, masajeándose el pecho.
Yo no te puedo decir nada, Flor. Únicamente que tengas paciencia. Y que hagas un esfuercito. Un esfuercito chiquito, mi amor. Para crecer. ¿Si? ¿Podrá ser?
Okey. ¿Cuántas cuadras dijimos, entonces?
Tres.
Gracias, mamita. Te quiero mucho. Vos sabés que te quiero mucho ¿no?
Tengo que ir a saludar.
No, dejá, no hace falta.
Se recompuso enseguida y aplaudió sonriendo.
Bueno. ¿Ves? Es buena voluntad, nada más. Lo único que hace falta es buena voluntad. Como dice la pibita esta. Qué rica, che, qué luz.
Fui hasta la puerta con Alberto llevándome del brazo como si me estuviese casando.
Oíme, Florchu. Vos tenés una copia de la llave. De acá, de la casa.
Si.
¿Me la podrás dar?
¿Por qué?
No empieces a pensar pavadas, corazón. Te estoy pidiendo la llave porque yo no tengo copia. Me hago una copia de la tuya y te la devuelvo. Pasado mañana la volvés a tener ¿estamos? Te la alcanzo yo, a donde estás parando ¿si?
Me saqué la llave del bolsillo y se la di.
Hacé como te dije. Es acá a tres cuadras que vive este muchacho. Lo vas a reconocer enseguida porque te va a estar esperando. Porque yo le dije. Y acordate. Todo lo que te va a preguntar son cosas que necesita saber para ayudarte. No es ningún capricho.
Okey.
No sabés lo que me costó dar con ese pibe. Ojalá te dieras una idea. Ojalá un día de estos sepas las vueltas que tuve que dar. Todo lo que tuve que correr. Todo lo que transpiré, por él, por vos. Por la familia, carajo.
Chau, Alber.
Chau, mi vida. Acá a tres cuadras derecho, ¡acordate!
Conozco muchas películas y debe haber cantidades de libros, cuentos o novelas, no leí tanto como para decirlo. Con gente saliendo o viviendo adentro de las paredes. Los cuerpos o las almas. Pero ninguna de las historias que conozco se acerca a la idea real. Únicamente la del enfermo mental que desaparecía absorbiéndose en los objetos. Deduje el concepto analizándolo bastante y lo apliqué a mi relato de la vida y la muerte y la fusión de las almas con lo mineral. De estar encerrados en la madre. La casa es una madre, uno conecta y pasa de casa a casa y de madre a madre. Ellas cargan con nuestro dolor y sufren. Afuera uno está libre, desprotegido pero libre. La mayoría de la gente se muere adentro de algún lugar y va a parar al material, eso no tiene remedio. Y el material se carga de muerte y de miedo. Todo horrible por dentro, apretado de almas, todo negro. Cuando me muera quiero fusionarme con los organismos vivos del exterior. Quiero cortar con la madre para siempre, ser libre para siempre del miedo. Ojalá. Y ojalá vos también. Porque sino tu alma se puede ir bien a la mierda.
Había más humo que antes. En la esquina no encontré ningún pibe, vi una casa enrejada, sin revocar, con los ladrillos pintados de color verde agua. Era la única ubicada justo en una esquina. Esperé un rato a ver si salía alguien. Después busqué el timbre en el portón de la reja y no lo encontré. Golpee las manos varias veces. Estaba por irme cuando asomó una vieja, gorda y vestida de negro. Tenía la ropa sucia y la piel de las piernas rajada de grietas que supuraban. Iba descalza.
Qué quiere mija, preguntó.
Me manda mi tío.
¿Su tío?
Dudé.
Mi tío me dijo que iba a estar un chico, acá en la esquina.
Chico, dices. Cómo, chico.
No puedo ser tan pelotuda, más vale me voy, pensé, pero no me fui.
Me tiene que hacer preguntas. Me mandó mi tío Alberto.
¿Quién? ¿Gualberto, que dices?
Mi tío. El negro Alberto, mi tío.
¿Y quién eres vos?
Yo, no se. Nadie.
¿Cómo? ¿Te mestás burlándote?
No.
¿Cómo es que te llamas?
Deje, mejor. No pasa nada.
No pasa nada, no. ¿No pasa nada y entons pa qué me llamastes?
No se, perdone.
¿Pa qué mierda vienes vos acá y me golpeas la mano? ¿Pa qué me haces salir, vos?
Perdone. Me confundí.
Una humedad tibia cosquilleaba en mi labio superior. El humo me hacía sangrar de nuevo. Di la vuelta para seguir camino a la parada de colectivos.
¡No, no! ¡Vuelve, vos! ¡Vuelve, disgraciada e mierda!
La vieja me gritaba. Apreté el paso. Ella gritó en otro idioma, en guaraní o algún dialecto indígena.
Vení, maldita, no te vayas.
Un chico de unos veinte años me agarró por la muñeca.
¿Qué le hiciste a la mamá? .
Nada.
¡¿Qué le hiciste, sucia?!
Nada. Nada, me confundí de casa.
Me apretó más fuerte, más y más. Quería romperme el hueso.
¡Sucia! ¡Sucia de mierda!
Lo pisé y me soltó. Salí corriendo. Corrí con él detrás, muy cerca, en medio de la calle, esquivando autos, gente, perros. Sabía que si volvía a casa de mi viejo no me iban a abrir a tiempo y que en el fondo era mejor así.
8 comentarios:
Qué terapéuticos estos dos últimos. Me gustan esos monólogos autolacerantes que concluyen en la pregunta de por qué no podemos matarnos, y la descripción de las almas que se pegan a las paredes, que tomaras esa idea de algunos cuentos o películas, sí, y luego rematar todo diciendo: Porque sino tu alma se puede ir bien a la mierda.
Es decir, si tu alma se puede ir bien a la mierda, entonces vos y tu alma se pueden ir bien a la mierda!
Inmortal.
(Me pone "refatee", eso me sale por fea, no tanto por boluda. Y no, tampoco leí a Janet Frame, pero tiene nombre de actriz de película erótica de los setentas)
Contundente
porque últimamente me dejas sin aliento cuando te leo, no se me ocurre cómo definirlo de otro modo.
Saludos Barbie, que sigas bien
J.
es terriblemente lindo lo que escribiste, gracias por compartirlo
José: muchísimas gracias!!!!!! Espero que vos también sigas bien, amigo.
Frestón: de nada, gracias a vos por leerlo. Precioso tu blog, lo estuve leyendo, lástima no poder hacer comentarios. Besote.
Uh, yo tengo un tio Alberto. El muy boludo pensaba que Condorito era un loro.
Poder, podés, y abstenerte de ellos, también. Gracias por pasar :)
Boris: jajajaj, sos un genio pibito!!
Festón:Oki Doki!
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